Relato #2

El hipotético cliente entornó los ojos intentando sacar un máximo rendimiento a sus pupilas . Para después alterar su rostro, borrando cualquier rasgo de concentración y haciéndolo explotar en una manifestación efusiva de afecto y camaradería: -¡Cabo Manolo!

Nuestra meretriz, desde ese momento, se había otorgado un descanso en el curro y prueba de ello es que el agitado bolso pasó a reposar sobre el hombro de su dueña, la cuál, para no desentonar con el nuevo ambiente de compañerismo impuesto por el hasta hacía unos segundos aspirante a amante. Le propinó un varonil saludo golpeándole con el puño en el hombro. ¡Alferez Gastón!.

Recuerdos, nostalgias y bromas, acompañaron a cañas, humo y murmullos en el primer bar con el que se topó la marcial pareja. En apenas unos minutos se reconstruyeron todos los lazos que una jura de bandera, cuatrocientos kilómetros y algo más de diez años se habían encargado de ir debastando hasta tal punto de estar unidos por algunos recuerdos y dos o tres imágenes en el album de la memoria.

De repente, una frase cortó esa atmósfera de historias desempolvadas. No te he sido del todo sincera. El silencio tomó protagonismo hasta que Manoli reunió todo su valor. Han habido importantes cambios en mi y en mi vida. Colecciono sellos. De todos los lugares del mundo. Empecé con cuatro estampitas que me regalo una amiga de Francia, pero en seguida fue Europa, África y sin darme cuenta me vi comprando el sello de un koala de Australia.

Publicado en on 17 Noviembre, 2007 at 9:34 pm
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