Relato #2

El hipotético cliente entornó los ojos intentando sacar un máximo rendimiento a sus pupilas . Para después alterar su rostro, borrando cualquier rasgo de concentración y haciéndolo explotar en una manifestación efusiva de afecto y camaradería: -¡Cabo Manolo!

Nuestra meretriz, desde ese momento, se había otorgado un descanso en el curro y prueba de ello es que el agitado bolso pasó a reposar sobre el hombro de su dueña, la cuál, para no desentonar con el nuevo ambiente de compañerismo impuesto por el hasta hacía unos segundos aspirante a amante. Le propinó un varonil saludo golpeándole con el puño en el hombro. ¡Alferez Gastón!.

Recuerdos, nostalgias y bromas, acompañaron a cañas, humo y murmullos en el primer bar con el que se topó la marcial pareja. En apenas unos minutos se reconstruyeron todos los lazos que una jura de bandera, cuatrocientos kilómetros y algo más de diez años se habían encargado de ir debastando hasta tal punto de estar unidos por algunos recuerdos y dos o tres imágenes en el album de la memoria.

De repente, una frase cortó esa atmósfera de historias desempolvadas. No te he sido del todo sincera. El silencio tomó protagonismo hasta que Manoli reunió todo su valor. Han habido importantes cambios en mi y en mi vida. Colecciono sellos. De todos los lugares del mundo. Empecé con cuatro estampitas que me regalo una amiga de Francia, pero en seguida fue Europa, África y sin darme cuenta me vi comprando el sello de un koala de Australia.

Publicado en  on 17 Noviembre, 2007 at 9:34 pm Dejar un comentario
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Relato #1

Manoli, una puta de 32 años, bizca, pálida y pelín fondona, se paseaba por las esquinas de montera bolso en mano y medias en piernas, dispuesta a cazar a algún hombre que le alegrara la noche. Al contrario que la inmensa mayoría de las prostitutas, Manoli disfrutaba con su trabajo. Vivía por y para follar. No pensaba que hubiera nada que se le diera mucho mejor. Así que dedicarse a ello era para ella una bendición. ¡Cualquiera puede imaginar un trabajo que le guste! Pero de eso a hacerlo realidad…

Aunque, pese decirlo, Manoli ya no es lo que solía ser. Su pasión se estaba yendo con los años. Ya no disfrutaba tanto. Estaba deprimida.

Qué triste, tantos años perdidos, pensaba Manoli, meneando el bolso y sintiendo el fresco airecillo bajo su falda. Ensimismada como estaba, no es difícil imaginar el susto que se pegó cuando vio delante de sus narices, como salido de la nada, como por arte de magia, como si hubiera salido de una burbuja con un sonoro plop, a un hombre de unos 40 años, bajito, calvo, pelo negro, desaliñado, tripón, que la miraba a los ojos, penetrando su alma.

- ¡Ostias! ¡Qué susto, coño!- dijo Manoli, algo alterada, pero reponiéndose-. ¿Qué quieres, guapo? ¿Te apetece un polvete rápido? Por 35 euros puedo hacer tus fantasías realidad, cariño…

El hombre seguía mirándola, como gilipollas.

- Esto…

Publicado en  on 15 Noviembre, 2007 at 11:55 pm Dejar un comentario
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