Relato #5

¡Pum! Un tremendo ruido, como de un gran impacto, sacudió por entero el mueble, haciendo que Gastón cayera al suelo, sin agilidad suficiente como para esquibar la enorme sacudida. La Virgen, Manoli, María, o cualquiera que su nombre fuera, seguía impertérrita en su lugar, emanando su cuerpo una tenue luz impropia de todo ser vivo conocido.

- ¿¡Qué cojones es eso!? -preguntó Gastón, muy alterado.

- Son ellos, están aquí -dijo María sin inmutarse, y sin expresión ninguna en su rostro-. He llegado tarde. Maldita sea, ya todo está perdido. ¿Qué estás haciendo, Gastón? -se dio la vuelta dirigiendo su mirada al tembloroso cuerpo de Gastón, que seguía en el suelo, pero ahora arrodillado y mirando al techo.

- R-rezar -tartamudeó mirando hacia la ventana, de donde una luz roja cada vez más intensa llegaba al destartalado cuarto.

- Tú eres tonto, ¿no? Te estoy diciendo que no hay ningún dios, que los únicos seres supremos somos nosotros -y le propinó una suave tollina en el pelado cogote-. Mira, yo voy a irme con los míos. Calculo que a tu planeta le quedan unos treinta segundos de vida. Una vez, en el pasado, mostraste ciertos sentimientos hacia mí. Y eso me conmovió. Así que he decidido llevarte conmigo.

Gastón, que aún no podía creer lo que veía, dejó que María agarrara con una enorme mano que había salido de sabe Dios dónde su pequeño y enjuto cuerpo.

La Tierra hoy en día no existe.

Publicado en  on 2 Abril, 2008 at 10:50 pm Dejar un comentario
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Relato #3

Una ternura inesperada invadió el corazón de Gastón. Sin pensarlo dos veces, invitó a Manoli a un lugar más íntimo.

- Quiero ver tus sellos y hacerte el amor como nunca te lo han hecho, mi vida.

- Pero Gastón… Yo… Yo…

- Shhh, calla. No necesito nada más. Sé lo que eras, lo que eres, y a lo que te dedicas. Nada importa ya. Sólo nosotros, sólo el momento.

Y tiró del brazo de Manoli, acariciando su presencia, olfateando su esencia.

El piso de Gastón no era  lujoso ni era bonito. Un gran fardo de periódicos descansaba a los pies de una mesilla marrón en el recibidor. El desorden era general, pero Gastón parecía tener una vida feliz.

- Ven, mi amor, vamos al calor de las sábanas, tenemos mucho tiempo que recuperar.

- Pero Gastón, yo…

-Dime, amor.

- Yo… Soy virgen.

Gastón se paró en seco. Se giró, miró a Manoli a los ojos y atónito y quieto se quedó, pensativo.

- ¿Vi-virgen?

- Virgen.

- P-pero… Si eres puta -dijo secamente, pero en seguida se repuso, dándose cuenta de su rudeza-. Perdón, quiero decir… Estabas en la calle, haciendo la calle. Yo… No sé que pretendes, Manoli, la verdad. ¿Estás jugando conmigo?

Manoli se quedó callada un segundo, mientras ambos se miraban. Él, extrañado y estupefacto. Ella, pensativa, como un jugador de ajedrez que planea su próximo movimiento, pero sin emanar seguridad.

- Gastón, no me has entendido. Cálmate. No me refiero a que no haya perdido la virginidad. Soy la Virgen. Mi nombre real es María.

De nuevo el silencio. Una atmósfera terrible, densísima. Gastón estupefacto, mirando a Manoli sin dar crédito a  lo que estaba oyendo. De repente, se enervó:

- ¡Fuera! ¡Fuera de mi casa!

- Gastón, no te precipites…

- ¿Crees que puedes jugar con mis sentimientos y reírte de mí? ¡Fuera!

- ¡He dicho basta, Gastón!  -gritó Manoli, y con este grito, una oscuridad plena, seguida de un relámpago procedente de su frente, cegó a Gastón, que ahora sí que se sentía realmente atónito-. ¡No hay lugar en mi lado para los faltos de fe!

- Ah. ¡Aaah!

Ante un gesto de María, todo volvió a la calma, con Gastón acurrucado en el suelo y ella llena de una luz extraña, verde, que emanaba su frente, como una linterna.

- Gastón, todo tiene una explicación. La mía empieza hace 3.000 años, en el planeta que vosotros conocéis como Venus.

Publicado en  on 18 Noviembre, 2007 at 9:05 pm Dejar un comentario
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