Relato #5

¡Pum! Un tremendo ruido, como de un gran impacto, sacudió por entero el mueble, haciendo que Gastón cayera al suelo, sin agilidad suficiente como para esquibar la enorme sacudida. La Virgen, Manoli, María, o cualquiera que su nombre fuera, seguía impertérrita en su lugar, emanando su cuerpo una tenue luz impropia de todo ser vivo conocido.

- ¿¡Qué cojones es eso!? -preguntó Gastón, muy alterado.

- Son ellos, están aquí -dijo María sin inmutarse, y sin expresión ninguna en su rostro-. He llegado tarde. Maldita sea, ya todo está perdido. ¿Qué estás haciendo, Gastón? -se dio la vuelta dirigiendo su mirada al tembloroso cuerpo de Gastón, que seguía en el suelo, pero ahora arrodillado y mirando al techo.

- R-rezar -tartamudeó mirando hacia la ventana, de donde una luz roja cada vez más intensa llegaba al destartalado cuarto.

- Tú eres tonto, ¿no? Te estoy diciendo que no hay ningún dios, que los únicos seres supremos somos nosotros -y le propinó una suave tollina en el pelado cogote-. Mira, yo voy a irme con los míos. Calculo que a tu planeta le quedan unos treinta segundos de vida. Una vez, en el pasado, mostraste ciertos sentimientos hacia mí. Y eso me conmovió. Así que he decidido llevarte conmigo.

Gastón, que aún no podía creer lo que veía, dejó que María agarrara con una enorme mano que había salido de sabe Dios dónde su pequeño y enjuto cuerpo.

La Tierra hoy en día no existe.

Publicado en  on 2 Abril, 2008 at 10:50 pm Dejar un comentario
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Relato #4

… Por esos tiempos Venus era igual de inaccesible para la vida humana que ahora: temperaturas de casi 500ºC, vapores de ácido sulfúrico que llegan a parar a una atmósfera de CO2 casi en su totalidad… como he dicho, inaccesible para la vida humana -relataba la inesperada Vírgen con una voz hipnótica- aunque no así para la estancia de los Dioses

- ¿Me estás diciendo que de verdad hay vida en otros planetas? – preguntó alarmado Gastón, aunque su expresión se relajó de repente – bueno, no se de qué me extraño, si es la mismísima Vírgen la que me lo está contando…

- ¡No me interrumpas! – el liderazgo que demostro el súbito enfado de Manoli hizo que éste buscara apoyo en una pared detrás suya-. A vuestros creadores nos gustaba espiaros desde vuestro planeta vecino sin que supierais nada, y ver cómo ibais evolucionando poco a poco. Pero llegó un momento crucial: varios de esos Dioses vieron con preocupación cómo unos pocos monos llegaron rápidamente a mejorar su forma de vida, y algunos actos de vuestra evolución fueron tomados como insultos a sus creadores. Surgió un debate: unos querían castigar a la raza humana por dichos actos, otros querían erradicarla para evitar que algún día les hicieran sombra, y otros simplemente queríamos ver cómo continuaba vuestra historia, que veíamos como un sencillo juego.- llegados a este punto, hizo una pausa y se sentó en un silla para continuar su relato, ya sin emitir ningún signo de divinidad. Gastón vio de nuevo a su amiga, lo que le hizo relajarse y escucharla sin miedo alguno.

- ¿Qué se decidió finalmente? es decir, ¿qué paso para que vinieras a nuestro planeta?

Sonriendo ante la inocente pregunta, prosiguió:

- Decidimos seguir como meros observadores para desgracia de muchos, hasta que no aguantaron más: algunos Dioses decidieron ir guiando al imperio Romano según les convenía a ellos, guiándolos por guerras para conseguir el mayor número de muertes humanas sin que pareciera obra divina, pero cuando se descubrió su plan unos pocos decidimos intervenir directamente en vuestra historia, como es mi caso: bajé a la Tierra para crear un nuevo mesias, al que llamamos Jesús, para uniros a todos bajo una misma religión e intentar apaciguar los ánimos, pero siguieron sus intentos de acabar con vosotros, incluso manejaron a varios mortales importantes para hacer fallar mi intento acabando con Jesús, como fue Herodes, Judas…

- ¿Todo lo que hoy conocemos gracias a la Biblia fue en realidad un duelo entre dioses para decidir nuestro futuro? – Gastón no acababa de dar crédito a lo que oía, pero poco a poco las piezas le fueron encajando en su cabeza.

- Finalmente, aunque consiguieron matar a Jesús, la fuerza que tuvo el cristianismo empeoró los planes de vuestra extinción, y abandonaron esa idea temporalmente. No obstante, tengo que darte una mala noticia…

Se levantó bruscamente, su expresión se endureció y un halo misterioso volvió a envolverla. Todo a su alrededor se fue desvaneciendo, dejandolos sólos a ellos dos en una nada siniestra,una oscuridad que fue rasgada por la voz femenina:

- El tiempo de calma ha acabado, y han vuelto para acabar definitivamente con vosotros, por eso he regresado con vosotros. Y tu tienes un papel crucial en esta historia…

Publicado en  on 29 Diciembre, 2007 at 10:39 pm Comentarios (1)
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Relato #3

Una ternura inesperada invadió el corazón de Gastón. Sin pensarlo dos veces, invitó a Manoli a un lugar más íntimo.

- Quiero ver tus sellos y hacerte el amor como nunca te lo han hecho, mi vida.

- Pero Gastón… Yo… Yo…

- Shhh, calla. No necesito nada más. Sé lo que eras, lo que eres, y a lo que te dedicas. Nada importa ya. Sólo nosotros, sólo el momento.

Y tiró del brazo de Manoli, acariciando su presencia, olfateando su esencia.

El piso de Gastón no era  lujoso ni era bonito. Un gran fardo de periódicos descansaba a los pies de una mesilla marrón en el recibidor. El desorden era general, pero Gastón parecía tener una vida feliz.

- Ven, mi amor, vamos al calor de las sábanas, tenemos mucho tiempo que recuperar.

- Pero Gastón, yo…

-Dime, amor.

- Yo… Soy virgen.

Gastón se paró en seco. Se giró, miró a Manoli a los ojos y atónito y quieto se quedó, pensativo.

- ¿Vi-virgen?

- Virgen.

- P-pero… Si eres puta -dijo secamente, pero en seguida se repuso, dándose cuenta de su rudeza-. Perdón, quiero decir… Estabas en la calle, haciendo la calle. Yo… No sé que pretendes, Manoli, la verdad. ¿Estás jugando conmigo?

Manoli se quedó callada un segundo, mientras ambos se miraban. Él, extrañado y estupefacto. Ella, pensativa, como un jugador de ajedrez que planea su próximo movimiento, pero sin emanar seguridad.

- Gastón, no me has entendido. Cálmate. No me refiero a que no haya perdido la virginidad. Soy la Virgen. Mi nombre real es María.

De nuevo el silencio. Una atmósfera terrible, densísima. Gastón estupefacto, mirando a Manoli sin dar crédito a  lo que estaba oyendo. De repente, se enervó:

- ¡Fuera! ¡Fuera de mi casa!

- Gastón, no te precipites…

- ¿Crees que puedes jugar con mis sentimientos y reírte de mí? ¡Fuera!

- ¡He dicho basta, Gastón!  -gritó Manoli, y con este grito, una oscuridad plena, seguida de un relámpago procedente de su frente, cegó a Gastón, que ahora sí que se sentía realmente atónito-. ¡No hay lugar en mi lado para los faltos de fe!

- Ah. ¡Aaah!

Ante un gesto de María, todo volvió a la calma, con Gastón acurrucado en el suelo y ella llena de una luz extraña, verde, que emanaba su frente, como una linterna.

- Gastón, todo tiene una explicación. La mía empieza hace 3.000 años, en el planeta que vosotros conocéis como Venus.

Publicado en  on 18 Noviembre, 2007 at 9:05 pm Dejar un comentario
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